Un Anciano Alza la Voz
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Extractos del libro
"Neither Wolf nor Dog. On Forgotten Roads with an Indian Elder"
("Ni Lobo ni Perro. Por Senderos Olvidados con un Anciano Indio")
por
Kent Nerburn
New World Library, 1994

Resumen y traducción de Cheryl Harleston

 

Promesas   ||   Tierra y propiedad   ||   Guardar silencio y hablar
Posesiones   ||   Vender lo sagrado   ||   Libertad y honor   ||   Lenguaje
Dos clases de indios   ||   Líderes y gobernantes   ||   Maestros
Racismo
   ||   Historia escrita   ||   El enojo

 

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Neither Wolf Nor Dog

El silencio es la mentira del hombre bueno o del cobarde.
Es ver algo que no te gusta y no decir nada.

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Dicen que quizás no es por amor, sino por la sangre, que se compra la tierra.
Dicen que quizás mi gente tuvo que morir para nutrir esta tierra con su verdad.
Tu gente no tuvo oídos para oír.
Quizás teníamos que regresar a la tierra para poder crecer dentro de tu corazón.
Quizás hemos regresado, y llenaremos las colinas y los valles con nuestro canto.


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A mi gente le ha ido bien.
Ustedes han tratado de quitarnos todo, pero hemos sobrevivido.
Hemos vivido con ustedes presionándonos durante quinientos años.
Viviremos con ustedes presionándonos por quinientos más.

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Hay espíritus para ayudarte. Hay espíritus para ayudarnos a todos. Si tan solo tu gente aprendiera a escucharlos, a meterse en la luz del sol y dar gracias por el día, los encontrarían. Entonces no harían daño tan fácilmente, ni podrían descansar de noche tan fácilmente cuando pasaron el día trabajando sólo para ellos mismos.

La tierra es profunda, y su sabiduría es grande. Escucha a las piedras, y escucha al viento. Haz lo que tengas que hacer para encontrar las voces que habrán de hablarte. Ahí están. Están llamando. Haz lo que tengas que hacer para encontrarlas, y comparte sus palabras.

"Dan"

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Sobre las Promesas

El tabaco es como nuestra iglesia. Se eleva hacia Dios. Cuando lo ofrecemos, le estamos diciendo a Dios que estamos hablando con la verdad. Cuando se ofrece tabaco todo es wakan —sagrado o lleno de poder.

Eso es en gran parte la razón por la cual nosotros los indios tuvimos problemas con las maneras del hombre blanco en los inicios. Cuando hacemos una promesa, es una promesa al Gran Espíritu, Wakan Tanka. Nada podrá cambiar esa promesa. Hicimos todas esas promesas con el hombre blanco, y pensamos que el hombre blanco nos estaba haciendo promesas a nosotros. Pero no fue así. El hombre blanco estaba cerrando negocios.

Nunca pudimos explicarnos cómo el hombre blanco podía romper cada promesa, sobre todo cuando todos los sacerdotes y hombres santos —esos hombres a quienes llamábamos "los de túnica negra"— estaban involucrados. Nosotros no podemos romper una promesa. Nunca podríamos.

Muchas de ellas eran en privado —no necesitábamos de un sacerdote para hacerlas. Pero eran reales. Eran promesas al Creador para hacer algo. Así que pensamos que veíamos lo mismo en el hombre blanco. Especialmente cuando juraba sobre la Biblia o usaba el nombre de Dios para hacer una promesa. Pero supongo que se parecía mucho a su iglesia. Sólo era importante en ciertos días. El resto del tiempo no tenía importancia.

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Sobre Tierra y Propiedad

Déjame decirte cómo perdimos la tierra. No era nuestra tierra, como si nos perteneciera. Era la tierra donde cazábamos o donde nuestros ancestros estaban sepultados. Era la tierra que el Creador nos había dado. Era la tierra donde sucedían nuestras historias sagradas. Había lugares sagrados en ella. Nuestras ceremonias se realizaban aquí. Conocíamos a los animales. Ellos nos conocían a nosotros. Presenciamos el paso de las estaciones en esta tierra. Estaba viva, como nuestros abuelos. Éramos parte de ella. La tierra era parte de nosotros. Nosotros ni siquiera sabíamos lo que era ser propietarios de la tierra. Es como decir que eres propietario de tu abuela. Para nosotros, la tierra estaba viva. Mover una piedra significaba cambiarla. Matar a un animal era quitarle algo a ella. Tenía que haber respeto.

Nosotros no vimos respeto en esa gente. Ellos cortaban los árboles y dejaban a los animales en donde les disparaban. Hacían ruidos fuertes. Parecían salvajes. Su paso era pesado y hacían mucho ruido. Y luego esa gente nueva comenzó a pedirnos la tierra. Querían darnos dinero por la tierra. Nuestra gente no aceptó eso. Entonces esa gente dijo que ya no pertenecíamos aquí. Que había un jefe en Washington, una ciudad muy lejana, y que la tierra era de él, y que él había dicho que esa gente podía vivir aquí y nosotros no.

Pensamos que estaban desquiciados. Esas personas cabalgaban por la tierra y colocaban una bandera, y luego decían que todo, desde donde habían empezado hasta donde ponían la bandera, les pertenecía. Eso es como si alguien disparara una flecha al cielo y dijera que todo el cielo hasta donde llegara la flecha le pertenecía. Nosotros pensamos que esa gente estaba loca. Ellos hablaban de propiedad. Nosotros hablábamos de la tierra.

Tu gente vino de Europa porque querían tener propiedades. Ellos habían trabajado para otras personas que les habían quitado sus propiedades y las cosas que cultivaban. Nunca habían tenido nada porque no tenían propiedades. Eso era lo que más deseaban tener.

Todos ellos pensaban que quien tuviera un pedazo de papel diciendo que era dueño de la tierra podría controlar todo lo que sucediera en ella. La gente vino aquí para conseguir propiedades. Nosotros no sabíamos esto. Ni siquiera sabíamos lo que significaba. Nosotros simplemente le pertenecíamos a la tierra. Ellos querían adueñarse de ella.

Su religión no vino de la tierra. Podían llevarla a todos lados con ustedes. Su religión estaba en una copa y un pedazo de pan que podían llevarse en una caja. Sus sacerdotes podían hacer sagrado cualquier lugar. Y no podían entender que lo que era sagrado para nosotros era el lugar donde estábamos, porque ahí era donde sucedían las cosas sagradas y donde los espíritus nos hablaban.

Tu gente no sabía nada acerca de lo sagrado de la tierra. Ustedes estaban matando a todos los animales. El búfalo había desaparecido. Las aves habían desaparecido. Ustedes no nos permitían cazar. Nos daban mantas y whiskey que enloquecía a nuestra gente. Nos pusieron en pequeños corrales de tierra que eran como pequeñas islas en su gran mar.

Lo peor es que ustedes ni siquiera nos escucharon nunca. Ustedes vinieron a nuestra tierra y nos la quitaron, y ni siquiera nos escucharon cuando les tratamos de explicar. Hicieron promesas y rompieron cada una de ellas. Nos mataron sin quitarnos la vida. Nos mataron al convertir nuestra tierra en pedazos de papel y sacos de harina y mantas, diciéndonos que eso era suficiente. Ustedes nos quitaron los lugares donde los espíritus nos hablaban y nos dieron sacos de harina.

Para nosotros la tierra estaba viva. Ella nos hablaba. Nosotros la llamábamos nuestra madre. Si ella estaba enojada con nosotros, no nos daba alimentos. Si nosotros no compartíamos con los demás, ella nos enviaba inviernos duros o plagas de insectos. Teníamos que hacer cosas buenas por ella y vivir de la manera que ella consideraba apropiada. Ella era la madre de todo lo que habitaba en ella, así que todos eran nuestros hermanos. Los osos, los árboles, las plantas, el búfalo. Todos eran nuestros hermanos y hermanas. Si no los tratábamos bien, nuestra madre se enojaba. Si los tratábamos con respeto y honor, ella se sentía orgullosa.

Para tu gente la tierra no estaba viva. Era algo así como un escenario donde podían construir cosas y hacer que sucedieran cosas. Veían al lodo y los árboles y el agua como cosas importantes, pero no como hermanos y hermanas. Esas cosas existían sólo para ayudar a los humanos a vivir.

Ustedes tomaron la tierra y la convirtieron en propiedades. Ahora nuestra madre está en silencio. Pero nosotros aún intentamos escuchar su voz.

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Sobre Guardar Silencio y Hablar

Nosotros los indios sabemos del silencio. No le tenemos miedo. De hecho, para nosotros es más poderoso que las palabras.

Nuestros ancianos fueron educados en las maneras del silencio, y ellos nos transmitieron ese conocimiento a nosotros. Observa, escucha, y luego actúa, nos decían. Ésa es la manera de vivir.

Observa a los animales para ver cómo cuidan a sus crías. Observa a los ancianos para ver cómo se comportan. Observa al hombre blanco para ver qué quiere. Siempre observa primero, con corazón y mente quietos, y entonces aprenderás. Cuando hayas observado lo suficiente, entonces podrás actuar.

Con ustedes es lo contrario. Ustedes aprenden hablando. Premian a los niños que hablan más en la escuela. En sus fiestas todos tratan de hablar. En el trabajo siempre están teniendo reuniones en las que todos interrumpen a todos, y todos hablan cinco, diez o cien veces. Y le llaman "resolver un problema". Cuando están en una habitación y hay silencio, se ponen nerviosos. Tienen que llenar el espacio con sonidos. Así que hablan impulsivamente, incluso antes de saber lo que van a decir.

A la gente blanca le gusta discutir. Ni siquiera permiten que el otro termine una frase. Siempre interrumpen. Para los indios esto es muy irrespetuoso e incluso muy estúpido. Si tú comienzas a hablar, yo no voy a interrumpirte. Te escucharé. Quizás deje de escucharte si no me gusta lo que estás diciendo. Pero no voy a interrumpirte. Cuando termines, tomaré mi decisión sobre lo que dijiste, pero no te diré si no estoy de acuerdo, a menos que sea importante. De lo contrario, simplemente me quedaré callado y me alejaré. Me has dicho lo que necesito saber. No hay nada más que decir. Pero eso no es suficiente para la mayoría de la gente blanca.

La gente debería pensar en sus palabras como si fuesen semillas. Deberían plantarlas, y luego permitirles crecer en silencio. Nuestros ancianos nos enseñaron que la tierra siempre nos está hablando, pero que debemos guardar silencio para escucharla.

Existen muchas voces además de las nuestras. Muchas voces.

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Sobre las Posesiones

Poseer cosas es muy importante en la vida de la gente blanca. Desde el principio te dicen: "Esto es mío, esto es tuyo", "No toques eso porque no es tuyo". Te dicen que te alejes de las cosas por la posesión, y no por respeto.

En los días de antes, nosotros nunca teníamos cerraduras en nuestras puertas. No existía el robo, pero si alguien tenía hambre, podía entrar a tu casa y tomar comida. ¿Porqué la gente no tomaba las cosas? Por respeto.

Tú rodeas tu patio con rejas y pagas buen dinero a quien mida el terreno para ver si la reja del vecino está una pulgada demasiado cerca de tu casa. No regalas nada a menos que recibas algo a cambio. Todo es económico. ¡Con razón la gente blanca necesita casas tan grandes! No son para habitarlas, sino para almacenar cosas.

Nosotros creíamos que todo era un regalo, y que un buen hombre o una mujer buena compartían esos regalos. La gente buena pensaba que debían dar, y no que debían recibir. No medíamos a la gente como rica o pobre. ¡No sabíamos cómo! Cuando los tiempos eran buenos, todos éramos ricos. Cuando los tiempos eran malos, todos éramos pobres. Medíamos a la gente por cómo compartían.

Las cosas son importantes cuando las necesitamos. Si no las necesitamos, no son importantes. Nuestros ancestros creían que tú eras dueño de algo sólo mientras lo necesitaras. Luego se lo pasabas a alguien más. En nuestra forma de vida, todo tenía su uso y luego regresaba a la tierra. Teníamos tazas y platos de madera, o cosas hechas de barro. Cabalgábamos o caminábamos. Hacíamos cosas de las cosas de la tierra. Después, cuando ya no las necesitábamos, las quemábamos o las dejábamos, y regresaban a la tierra. Ahora ya no podemos hacer eso. Ahora las cosas ya no regresan a la tierra.

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Sobre Vender lo Sagrado

Cuando algo es sagrado, no tiene precio. No me importa si se trata de un hombre blanco hablando sobre el cielo, o un indio hablando sobre ceremonias. Si puedes comprarlo, entonces no es sagrado. Y una vez que empiezas a venderlo no importa si tus razones son buenas o no. Estás tomando lo que es sagrado y volviéndolo ordinario.

Los indios no podemos perder lo que es sagrado para nosotros. No nos quedan mucho. Lo que tenemos está en nuestros corazones y en nuestras ceremonias. Ya no tenemos tierra. La vendieron indios falsos convertidos en jefes por la gente blanca. Nuestros objetos sagrados ya no existen. Están coleccionados por antropólogos que los ponen en museos. Y ahora hay indios que están vendiendo nuestras ceremonias para hacer dinero.

Cuando se terminen, lo único que nos quedará será el corazón. Y sin nuestras ceremonias, nuestros corazones no hablarán. Seremos como el hombre blanco que teme pronunciar la palabra "Dios" en alto, y va por ahí tratando de comprar las ceremonias sagradas de otros. Tendremos la misma hambre en nuestro corazón, y el mismo silencio en nuestros labios.

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Sobre Libertad y Honor

Lo más importante para la gente blanca es la libertad. Lo más importante para los indios es el honor.

El mundo blanco pone todo el poder arriba. Cuando alguien llega a la cumbre, tiene el poder de quitarte tu libertad. En sus iglesias hay alguien a la cabeza. En sus escuelas también. En su gobierno. En sus negocios. Siempre hay alguien en la cumbre, y esa persona tiene el derecho de decir si eres bueno o malo. Les perteneces. Con razón los americanos siempre se preocupan por su libertad. ¡Tienen tan poca! Si no la protegen, alguien se las quitará.

Cuando ustedes llegaron entre nosotros, no podían entender nuestras maneras. Querían encontrar a la persona de arriba. Querían encontrar las cercas que nos limitaban. Su mundo estaba hecho de jaulas y pensaban que el nuestro también lo estaba.

Todo parecía una jaula. Sus ropas los entallaban como jaulas. Sus casas parecían jaulas. Colocaban cercas en sus patios y parecían jaulas. Todo era una jaula. Ustedes convirtieron la tierra en una jaula. Pequeños cuadros. Y luego formaron un gobierno para proteger esas jaulas. Y el gobierno era sólo jaulas. La única libertad que tenían era dentro de su propia jaula. ¡Y luego se preguntaban por qué no eran felices y por qué no se sentían libres!

Nosotros nunca pensamos así. Todos éramos libres. No hacíamos jaulas de las leyes ni de la tierra. Nosotros creíamos en el honor. Para nosotros, el hombre blanco parecía un ciego caminando: sabía que estaba en el camino equivocado cuando se tropezaba con la orilla de una de sus jaulas. Nuestra guía estaba adentro, y no afuera. Era el honor. Era más importante para nosotros saber lo que estaba bien, que saber lo que estaba mal.

Observábamos a los animales y veíamos lo que era apropiado. Veíamos cómo cada animal tenía sabiduría, y tratábamos de aprender esa sabiduría. Observábamos cómo se llevaban entre ellos y cómo criaban a sus pequeños. No buscábamos lo que estaba mal. En lugar de eso, siempre nos esforzábamos por hacer lo que estaba bien. Y esa búsqueda era lo que nos mantenía en el buen camino, no las reglas ni las cercas. Queríamos honor para nosotros mismos y para nuestras familias.

La libertad sólo es importante cuando otros están tratando de encadenarte. Nosotros no teníamos cadenas, así que no necesitábamos libertad. Siempre habíamos tenido nuestra libertad, así que ustedes no tenían nada de valor para darnos. Lo único que podían hacer era quitárnosla y luego regresárnosla en forma de jaulas.

Ustedes nos quitaron nuestro honor y nos dieron su libertad. E incluso ustedes mismos saben que eso no es libertad en absoluto. Es simplemente la libertad de vivir dentro de sus propias jaulas cerradas.

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Sobre el Lenguaje

Pienso que debo hablar sobre las palabras. Sobre su lenguaje. Es otra cosa que me molesta, y pienso que debería quitarme los pesos de las cosas que me molestan. Eso es lo que oí decir a los ancianos.

Crecí hablando el idioma de mi gente. No fue sino hasta la escuela que tuve que aprender inglés. Lo que era importante para los indios era decir algo de la mejor manera posible. En inglés, tenías que aprender a decir las cosas de cien maneras. Aún observo a Ia gente blanca cuando habla, y me sorprenden tantas palabras. A veces dicen la misma cosa una y otra y otra vez de diferentes maneras. Son como un cazador que corre por todo el bosque tratando de tropezarse con algo, en lugar de sentarse quieto hasta poder capturarlo.

La mayor parte del tiempo eso no me molesta. Pero me disgusta cuando se usa para lastimarnos a nosotros o a otros. Ahora te diré algunas de las cosas que lastiman por la manera en que la gente las dice.

La primera tiene que ver con las batallas. Cuando la gente blanca ganaba, era una victoria. Cuando nosotros ganábamos, era una masacre. ¿Cuál era la diferencia? Había cuerpos en la tierra y los niños perdían a sus padres, fuesen cuerpos indios o blancos. Pero los blancos usaban su lenguaje para hacer de sus matanzas algo bueno y de las nuestras algo malo. Ellos "ganaban"; nosotros "masacrábamos".

Yo ni siquiera sé qué es una masacre, pero suena como mujeres muertas y bebés pequeños con las gargantas cortadas. Si es así, entonces el hombre blanco masacró más que nosotros. Pero nunca escuché a nadie hablar de las masacres blancas.

Aquí hay otra: levantamiento. Ustedes usan esa palabra para hablar de cuando nuestra gente ya no podía soportar lo que estaba sucediendo y trataba de obtener sus derechos. Entonces deberían llamar "levantamiento" a su Guerra Revolucionaria. Pero no lo hacen. ¿Por qué no? Había un gobierno que les estaba quitando la libertad, y ustedes se levantaron en su contra. Pero lo llamaron "revolución", como si la tierra se estuviese convirtiendo en algo mejor. Cuando nosotros lo hicimos, lo llamaron "levantamiento", como si todo hubiese estado en orden y en paz hasta que nosotros "nos levantamos en armas".

¿Y que hay del "camino de las armas"? Cuando ustedes nos atacaban, "formaban un ejército". Cuando nosotros defendíamos a nuestras familias, tomábamos "el camino de las armas". Ya ni siquiera mencionaré palabras como "salvajes" o "sanguinarios".

Mi pequeño biznieto vino a casa un día y me dijo que en la escuela estaban estudiando la gran frontera en la historia americana. Le pregunté qué era. Me dijo que era donde la civilización terminaba. ¡Mira nada más! Le estaban enseñando que la civilización sólo existía hasta donde el hombre blanco había llegado. Pues nosotros estábamos del otro lado de esa línea. También teníamos gobiernos y leyes. Nuestra gente se comportaba mejor que la gente que llegó a nuestras tierras. Pero aquí estaba mi biznieto hablando de frontera y civilización. Fue como si no existiéramos.

Cada vez que ustedes hablan de la gran frontera, nos están diciendo que no importamos. Enseñan sobre la gran frontera. Hablan del territorio inhóspito y de cuán vacía estaba la tierra, aunque para nosotros la tierra siempre estaba llena. Hablan de la civilización como si nosotros no hubiéramos sido civilizados, sólo porque no tratábamos de acarrear grandes sillas y baúles de madera en una carreta a través del desierto.

La manera como lo enseñan, América comenzó con unos barcos que llegaron a Virginia y Massachusetts. La gente se bajó de ellos y tuvo que abrirse camino a través de una extensa tierra vacía donde acechaba el peligro. Es como si el lugar hubiese estado vacío y ustedes lo llenaron, y la historia es el cuento de cómo lo llenaron y lo que sucedió mientras lo llenaban.

Así no fue para nosotros. Para nosotros, esta era una tierra extensa donde la gente vivía por todos lados. Y luego llegaron unas personas que desembarcaron en las playas del este, mientras otros vinieron desde el sur. Comenzaron a empujarnos. Y luego otros más descendieron por los ríos del norte. Todas esas personas peleaban entre ellas. Todos querían algo de nosotros —pieles, tierra, oro. Ellos lo tomaban o nos obligaban a vendérselo. Todos tenían armas de fuego. Y todos nos asesinaban si no creíamos que Dios era cierto hombre llamado Jesús, que había vivido en el desierto al otro lado del mar.

Nos quitaron nuestra tierra de todas las direcciones. Podemos ver los mismos hechos que ustedes, y es algo completamente diferente. Pero ustedes construyen su historia con palabras como "gran frontera" y "civilización", y esas palabras son sólo sus propias ideas puestas en pequeños moldes que ustedes pueden usar en sus frases. Las grandes ideas detrás de las palabras son las armas que nos quitan nuestro pasado.

Sin saberlo siquiera, en sus mentes nos convirtieron en quienes somos mediante las palabras que utilizaban. Lo siguen haciendo, y ni siquiera saben que está sucediendo. Ojalá que aprendieran a tener más cuidado con sus palabras.

Cuando era niño, una vez un anciano me dijo que yo debería ver las palabras como piedras hermosas. Dijo que debería levantar cada una de ellas y mirarla por todos lados antes de usarla. Que entonces las respetaría. Ustedes tienen tantas palabras que no las respetan como debieran. Siempre hay otra palabra, así que simplemente las arrojan allá afuera sin pensar. Esas palabras son como piedras. Aún cuando sean hermosas, si las arrojas sin pensar, pueden herir a alguien.

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Sobre Dos Clases de Indios

Para la gente blanca hay sólo dos clases de indios: los vagos borrachos y los indios nobles. En los días de antes solíamos ser salvajes, pero eso ya desapareció. Ahora somos indios borrachos o indios nobles. Me simpatizan más los hombres blancos que piensan que todos somos borrachos. Por lo menos nos están viendo como personas. Están diciendo lo que ven, y no lo que quieren ver. Y entonces, cuando conocen a alguno de nosotros que no es un borracho, tienen que tratarnos.

A quienes nos ven como hombres sabios no les importan los indios en absoluto. Sólo les importa la idea de los indios. Es otra manera de robarnos nuestra humanidad y convertirnos en una fantasía que se amolde a las necesidades de la gente blanca.

¿Quieren saber cómo pueden parecerse a los indios? Vivan cerca de la tierra. Desháganse de algunas de sus cosas. Ayúdense unos a otros. Hablen con el Creador. Guarden más silencio. Escuchen a la tierra en vez de construir cosas sobre ella todo el tiempo.

No culpen a otros por sus problemas, y no traten de convertir a las personas en algo que no son.

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Sobre Líderes y Gobernantes

Toro Sentado fue un líder. Él fue un gran jefe. La gente lo seguía porque era magnífico. Él nunca ganó unas elecciones ni fue nombrado por ningún gobierno. No es así como llegas a ser líder. Era un honor que te ganabas.

Hay líderes y hay gobernantes. Nosotros los indios estamos acostumbrados a los líderes. Cuando nuestros líderes no dirigen, nos alejamos de ellos. Cuando dirigen bien, nos quedamos con ellos.

El sistema de los blancos convierte a las personas en gobernantes por ley, aún cuando no sean líderes. ¿Cómo puede un calendario decirnos cuánto tiempo es líder una persona? Eso es absurdo. Un líder es un líder mientras la gente crea en él, y mientras sea la mejor persona para guiarnos. Tú sólo puedes ser líder mientras la gente te siga.

En el pasado, cuando necesitábamos un guerrero, hacíamos de un guerrero nuestro líder. Pero cuando la guerra terminaba y necesitábamos un curandero que nos guiara, él se convertía en nuestro líder. O quizás necesitábamos un gran orador, o un pensador profundo.

El guerrero sabía cuándo terminaba su tiempo, y no pretendía ser nuestro líder más allá del tiempo que era necesitado. Se sentía orgulloso de servir a su gente, y sabía cuándo era el momento de hacerse a un lado. Si no se hacía a un lado, la gente simplemente se alejaba de él. Él no podía hacerse líder excepto guiando a la gente de la manera como la gente quería ser guiada.

Por eso Toro Sentado fue un líder. La gente lo necesitaba, y la gente lo seguía. Era valiente. Era inteligente. Sabía cómo pelear cuando era necesario. Y entendía lo que el hombre blanco tramaba. La gente vio que él no podía ser engañado por el hombre blanco, así que lo seguían.

Por eso el gobierno de los Estados Unidos lo odiaba tanto. No fue simplemente porque le puso una trampa a Custer. Eso cualquiera podría haberlo hecho. Fue porque él era un líder y la gente lo escuchaba, y él no escuchaba al gobierno de los Estados Unidos. Él escuchaba las necesidades de su gente.

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Sobre los Maestros

Una persona no era maestro por haber sido elegida o por obtener un certificado. Una persona era maestro porque sabía algo y eran respetada. Si no sabía lo suficiente, no era maestro. O si nosotros no necesitábamos saber lo que ellos sabían, no acudíamos a ellos.

Ahora nos envías maestros y nos dices que enviemos a nuestros niños, cuando ni siquiera estamos seguros de lo que saben los maestros. Ni siquiera sabemos si son buenas personas que harán crecer los corazones de nuestros niños. Lo único que sabemos es que son maestros porque alguien les dio un pedazo de papel que dice que tomaron cursos sobre cómo enseñar.

Lo que queremos saber es qué clase de personas son y qué tienen en sus corazones para compartir. Decirnos que tienen un papel que les permite enseñar es como ponerle una envoltura elegante a una caja. Queremos saber qué hay dentro de la caja. Una caja vacía con una envoltura elegante sigue siendo una caja vacía.

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Sobre el Racismo

La gente blanca le teme a cualquier persona que no sea blanca. Observa cómo definen a la gente negra. Si alguien tuvo un ancestro negro en algún lugar de su pasado, y lo pueden notar, le dicen que es negro. No hacen lo mismo con los italianos o los irlandeses. ¿Pero una abuela negra? ¡Lotería! Eres negro.

Pero la cosa es que en realidad no están diciendo que son negros. Están diciendo que no son blancos.

Pero al menos a los negros los dejan en paz una vez que han decidido que no son blancos. Simplemente los arrojan dentro de un barril —negros, cafés, bronceados, lo que sea— y los llaman negros. Pero a nosotros los indios ni siquiera pudieron dejarnos ser indios en paz una vez que decidieron que no éramos blancos. Comenzaron a dividirnos, llamándonos "mestizos" o "pura sangre". Intenta llamar "mestizo" a una persona negra con algo de sangre blanca, a ver qué le parece.

Ustedes tienen toda clase de reglas de las que ni siquiera están conscientes. Por ejemplo, está bien que la gente blanca adopte niños chinos, pero no está bien que la gente china adopte a niños blancos. Si un hombre blanco está con una mujer negra, entonces él es liberal. Pero si un hombre negro está con una mujer blanca, él seguramente es un padrote. Es lo mismo con los indios. Si un hombre blanco está con una mujer india, quizás esté bien. Así es como les gusta hacerlo en las películas. Pero si un hombre indio está con una mujer blanca, seguro hay algo malo en ella, por preferir estar con "una de esas personas".

Pienso que tiene que ver con la conquista. El hombre blanco tiene que estar en control.

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Sobre la Historia Escrita

Nosotros siempre tuvimos historia, al igual que la historia de la gente blanca. Pero ustedes simplemente se rehusaban a creernos. Teníamos nuestras historias y nuestras imágenes. Teníamos nuestras maneras de hacer las cosas, que nos eran transmitidas por nuestros ancianos. Y al igual que la historia de la gente blanca, nuestra historia también tenía hechos. Pero para ustedes no eran suficientemente buenos.

Si les mostraba cómo mi abuelo había hecho algo, ustedes no confiaban en mí. Pero si una persona blanca que ni siquiera sabía lo que estaba viendo lo ponía por escrito, entonces sí era suficientemente bueno para ser historia.

Hay demasiadas cosas como para saber todo. Nosotros los indios simplemente tratábamos de saber las cosas importantes, para poder vivir mejor y comprender. Teníamos personas que podían contarnos acerca de los días de antaño y por qué eran importantes para nosotros. Hacíamos que los niños aprendieran las historias para que pudieran repetirlas justamente como habían sido contadas. Nuestra historia estaba viva. Pero la historia de ustedes estaba muerta, aunque estuviera escrita en palabras.

Si escuchas una canción, ¿es real? ¿O acaso sólo es real una vez que alguien la pone por escrito? Pues para nosotros la historia de nuestra gente era como una canción. Mientras alguien pudiese cantarla, era real. Nunca fue importante que alguien la pusiera por escrito. Cuando ustedes llegaron, dijeron que nuestra canción no era real porque no estaba por escrito. Y luego ustedes la escribieron como se les dio la gana.

Ustedes siguen escribiendo nuestra historia, utilizando sus palabras, y siguen interpretándola mal. Sus palabras están llenas de filos agudos que nos cortan. Pero hemos estado sangrando por tanto tiempo que ya ni siquiera lo sentimos.

A mí no me hiere. Yo estoy viejo. Yo conocí el lenguaje antiguo y mis amigos también. Aún lo hablamos. Aún es el canto en nuestro corazón. La gente joven es quien debe aprender a cantar la canción otra vez.

Por eso ustedes los wasichu están en problemas. Para ustedes nada es wakan. Ustedes le han quitado el poder a la tierra y al cielo y a las cosas que viven ahí. Para ustedes todo es un hecho. Se ahogarán bajo sus hechos.

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Sobre el Enojo

No existe indio vivo que se atreva a pensar demasiado en el pasado. Si miráramos demasiado al pasado, nos sentiríamos demasiado enojados para vivir. Ustedes tratan de compensarnos convirtiéndonos en héroes o sabios en todos sus libros y películas. Eso está bien para ustedes. Pero yo aún puedo ir a un museo y ver el cráneo de mi abuela en un estuche, y oír a alguien hablar de ella como si fuese un artefacto.

Y a veces pienso en todas las guerras entre mi gente y la suya. Esos hombres blancos que pelearon contra nosotros eran hombres sin familias, muchos de ellos. No eran sus mejores hombres. Muchos de ellos eran brutales y estúpidos. Hacían cosas terribles sólo porque era divertido.

Mi gente nunca tuvo oportunidad. Nosotros éramos familias. Estábamos en nuestros hogares, con nuestros ancianos y bebés. Y los soldados nos atacaron. Atacaron nuestros hogares y asesinaron a nuestros viejos y niños. ¡Y su gente tiene el descaro de hablar de las masacres cometidas por indios!

Nosotros sí matamos a gente inocente, lo sé. Sucedía cuando nuestros jóvenes se enojaban por lo que les estaba sucediendo a los ancianos y a los niños, cuando se morían de hambre o eran asesinados. Los hombres jóvenes se enojaban tanto que rehusaban escuchar a los ancianos. Los ancianos sabían que no podríamos ganar, y que vendría más gente blanca y habría más matanzas. Pero los jóvenes estaban tan enojados que atacaban a cualquiera.

Si tú vieras a tu padre yaciendo en su cama, demasiado débil para ponerse en pie por estar muriendo de hambre, o vieras a tu bebé llorando de hambre todo el tiempo, y supieras que es porque alguien les quitó su comida, ¿no estarías enojado?

¿Qué tal si unos hombres llegaran y mataran a tu abuela sin razón alguna? Simplemente lo hicieron, y luego echaron a reír y se marcharon. Y tú te quedaras ahí parado, viéndola despedazada o baleada. ¿Podrías decirme que no estarías enojado?

No culpo a mi gente por emboscar a los soldados blancos o incluso atacar las casas de los colonos. Yo no digo que estuvo bien. Simplemente digo que lo comprendo. Nosotros perdimos todo. Su gobierno envió hombres codiciosos y sin corazón para mantenernos bajo control, y ellos mentían y violaban y nos robaban. Podían matarnos con cualquier pretexto y estaba bien. ¿Qué tal si alguien violara a tu hermanita? Eso sucedía todo el tiempo. ¿Qué tal si alguien tomara a tu esposa y le cortara el vientre y sacara a tu hijo nonato, y luego lo colocara en el suelo como un trofeo, aún ligado a su madre muerta? Eso también sucedía.

Verás, nosotros ni siquiera éramos personas. ¿Sabías eso? La iglesia católica incluso sostuvo una conferencia para determinar si nosotros éramos personas o no. ¡En su sabia y gran religión pensaron que debían decidir si éramos personas o animales! Así pensaban de nosotros y así nos trataban. Estaba bien hacernos cualquier cosa.

A nosotros nos enseñaban que los ancianos y los bebés son los más cercanos a Dios, y para ellos vivíamos nosotros. Y su gente vino y los mató. Teníamos que hacer lo que pudiéramos para proteger a nuestros ancianos y nuestras familias, y no podíamos hacerlo porque sus soldados entraban a la fuerza en nuestros hogares y los mataban cuando ellos no podían escapar.

No era lo mismo cuando peleábamos contra otras tribus. Ellos respetaban a los ancianos, y a los niños también. Cuando peleábamos unos contra otros, había cosas más importantes que la pelea misma. El mayor acto de valentía era tocar al enemigo —'contar el golpe' sobre él— no matarlo. Pero no para sus soldados. Ellos sólo querían matarnos.

Ahora los cráneos de mis abuelos están en museos, y hay mantas y tambores sagrados en las paredes de los museos para que la gente rica los vea. Y van ahí a hablar de cuán sagrado es todo eso. Lo llaman sagrado porque no tienen nada propio que sea sagrado. Pero no es sagrado, porque ustedes le quitaron lo sagrado, al igual que le quitan lo sagrado a todo, y ahora nosotros mismos ya casi no lo sentimos tampoco. Ustedes mataron a nuestra gente y se llevaron lo que era sagrado para nosotros, y luego nos dijeron que eso probaba que ustedes eran mejores que nosotros.

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Ya no hay tiempo para pelear. Debemos enterrar nuestro enojo. Si yo no puedo enterrar el mío, le corresponderá a mis hijos enterrar el suyo. Y si ellos no pueden enterrarlo, les corresponderá sus hijos, o a los hijos de sus hijos. Somos prisioneros de nuestros corazones, y sólo el tiempo habrá de liberarnos.

Tu gente debe aprender a renunciar a su arrogancia. Ellos no son los únicos en esta tierra. Sus maneras no son las únicas. Las personas han rendido culto al Creador y han amado a sus familias de muchas maneras y en todos los lugares. Tu gente debe aprender a honrar esto.

El don de ustedes es tener poder material. Tienen demasiada fuerza que no dan a otras personas. ¿Podrán compartirla, o podrán usarla solamente para obtener más? Ése es su reto —encontrar la manera de compartir su don, porque es un don muy fuerte y peligroso.

Mi gente es quien debe erguirse como la sombra que les recuerde sus fracasos. Es nuestro recuerdo lo que debe mantenerlos en el buen camino. Y no les servirá de nada pretender que no existimos, y que ustedes no nos destruyeron. Ésta era nuestra tierra. Nosotros siempre estaremos aquí. Ustedes no pueden deshacerse de nuestro recuerdo, así como no pueden esconder el sol colocando una mano sobre sus ojos.

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© Copyright 1994 Kent Nerburn

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